
Tal día como hoy, hace treinta años, Adolfo Suárez, entonces presidente de Gobierno había decidido no tomarse vacaciones y pasar aquella Semana Santa en Madrid. A más de un analista político sorprendió aquella decisión, pero ninguno llegó a intuir, ni por asomo, la sorpresa que ese día nos preparaba a todos los españoles el entonces presidente. La legalización del partido Comunista, el partido de Carillo, de La Pasionaria, de Alberti y de tantos y tantos comunistas, estuvo a punto de dar al traste con el proceso de la Transición iniciado tras la muerte del General Franco. Sólo la valentía de aquel presidente y la responsabilidad de la mayoría de los políticos de entonces hicieron posible el milagro y que los españoles empezáramos a ver a los comunistas como políticos iguales al resto de políticos. Hoy treinta años después, y viendo lo que esta pasando en España, una duda empieza a plantearse en la cabeza de más de uno, ¿que hubiera sucedido si por aquel entonces este País hubiera contado con una oposición como la que el PP representa en la actualidad? Sé que algunos dirán que nada tiene que ver la legalización del PCE con la situación que en la actualidad estamos viviendo a cuenta del proceso de paz y la legalización o no de Batasuna y que con ello se permita que este partido pueda concurrir a las próximas elecciones municipales.
Y pueden que los que así piensen lleven su parte de razón, pero no olvidemos que para ciertos sectores de la derecha franquista y sociológica de entonces el Partido Comunista y su líder Santiago Carrillo venían a representar a los asesinos de Paracuello y de tantos y tantos desmanes cometidos por el bando republicano durante la contienda civil y por tanto su reconocimiento como partido era todo un golpe contra los ideales de la "santa cruzada", y su legalización venía a poner en serio peligro la unidad de España ¿les suena?.Para aquella derecha y para una gran parte de los poderes fácticos de siempre (Iglesia y Ejército) Suárez era y fue un traidor que vendió a España al "oro de Moscú". Pero aquel gesto valiente de Suárez fue determinante para que en este País se empezasen a cerrar las heridas abiertas tras el enfrentamiento de nuestra Guerra Civil.
Hoy treinta años después otro presidente, no sé si de mayor valentía que Suárez, se está empeñando en cerrar las heridas que en este País tenemos a cuenta del terrorismo. Pero lo que si está claro es que mientras Suárez si contó con la aprobación de la mayoría de aquellas Cortes y de aquella nueva clase política, este gobierno y este Presidente se están encontrando con la sinrazón de una oposición empeñada a sacar tajada electoral de un tema que como el terrorismo debería contar con el consenso de todas las fuerzas políticas y que no debería ser utilizado de un forma tan "bastarda" como la que está siendo utilizada por algunos para lograr su vuelta al poder. Que aquel suceso ocurrido, hoy sábado santo, hace treinta años, sirva de reflexión para algunos.

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