Parece el cuento de nunca acabar. Nuestra gran industria textil, aquella que nos hizo grandes hace años, quien de los mayores no recuerda aquella campaña lanzada por los "pañócratas" de entonces y que señalaban a Béjar como el primer centro lanero y textil del oeste de España, sigue años después su sangría imparable y sin que ciertas ayudas (que drama el nuestro siempre pendiente de las ayudas y subvenciones) puedan evitar nuevos despidos y con ellos nuevos dramas familiares.Así las cosas, esta claro que si preguntásemos a los sindicatos, sobre quien deberían recaer las responsabilidades, su respuesta irá siempre destinada a culpar a los empresarios y sobre la poca sensibilización a la hora de tratar estos despidos, y en parte no les faltan razones. Sino como se explicaría que se pueda enviar el aviso de despido a nueve trabajadores cuando estos se prestaban a iniciar sus vacaciones. ¿Donde está la sensibilidad de estos empresarios? se pregunta más de uno... Por contra, si preguntamos a los empresarios, está claro que las culpas irán destinadas a buscar otros responsables, y aquí como no, sale a relucir una vez más nuestro ministro y paisano Jesús Caldera.
Así para José Gómez, gerente de la empresa Rafael Díaz, la culpa de estos despidos la tiene la poca sensibilidad del gobierno y de nuestro ministro por negarse a conceder una subvención con la que pagar un préstamo solicitado por dicha empresa y con la que hacer frente a la adquisición de cuatro telares nuevos. Y es que atrás ya quedaron aquellos años gloriosos en los cuales nuestros queridos "pañócratas" declinaban las ayudas de los ministro de turno, diciendo que en Béjar no se necesitaban ayudas porque aquí se nadaba en la abundancia. Y quizás no les faltasen razones para pensar de aquella manera, pero estaba claro que si alguien nadaba en la abundancia, eran ellos y sus familias, y no aquellas cientos y cientos de familias bejaranas que trabajaban en sus fábricas y que a la menor crisis empezaban a sufrir en sus carnes los ajustes de plantilla, primero, y los despidos después. Hasta convertir a nuestra industria en sólo un referente para los libros sobre el esplendor de lo que fue esta ciudad. Y si preguntásemos, por último, a los pobres trabajadores, siempre los paganos de las crisis sobre quienes son los culpables o dejan de serlo de estas crisis que años tras año han llevado a cientos de trabajadores al paro…¿Qué nos dirían?
Por eso hoy, no podemos por menos que estar al lado de esas nueve familias. Menuda vacaciones las suyas. Ellos con el paso de los días, por desgracia, pasarán a engrosar las listas del paro y a ser una fría estadística más. Sus hijos, como tantos otros tendrán que inmigrar para buscar otro futuro más halagüeño, y mientras tanto aquí nuestros "pañócratas" seguirán buscando culpables y responsabilizando a nuestro Ministro de ser un mal bejarano por negarles las subvenciones pertinentes. Y es que por desgracia en este País, perdón Nación, por si se siente alguien dolido, nos hemos acostumbrado, o se han acostumbrados, mejor dicho, nuestros empresarios a solicitar subvenciones cuando los negocios no le son rentables y siempre con la amenaza de que si estas no le son concedidas serán los trabajadores los que paguen el "pato".
No sé si el planteamiento es el correcto y si los trabajadores estarán de acuerdo con estos, me imagino que no, porque entonces estarían también en su derecho a preguntarse que porque cuando hay beneficios, esos mismos empresarios no deciden en la mayoría de los casos en repartir también sus beneficios...o en el peor de los casos en reinvertirlos en las mejoras y en la modernización de sus propias empresas. Pero mientras exista un Caldera de turno a quien echarles la culpa, sus conciencias estarán limpias y no se sentirán culpables de que hoy nueve familias bejaranas se vean ante un futuro poco halagüeño. Lo dicho el cuento de nunca acabar
martes 17 de julio de 2007
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